
Aún siento ese apretón al final de la boca cuando estoy a punto de hacer algo emocionante, esa picazón en la palma de la mano, ese reflejo de entrecerrar los ojos para imaginar cosas que quisiera hacer, ese apretón en el abdómen que me recuerda que siento nervios y ansiedad. No me molesta recordar... es estupido pero me recuerda porqué lo recuerdo y no lo estoy... viviendo. Aprendí con los años a elegir más que sólo a los amigos, la música de los días y la de las noches, los errores que quería cometer y los aciertos que hice sin darme cuenta,ambos me trajeron hasta aquí, también aprendí a decir sí y no cuando no correspondía, a sacarle la lengua a los vecinos, a lavar mi propia ropa, a llorar sola y sobre muchos hombros, a tomar cerveza como hombre y a dejar de tomar, algún día quiero embriagarme hasta perder la consciencia otra vez ... si. Aprendí a mirar el pasado sin odio y a querer, por eso mismo, más a mi madre. A atar los cordones de mis zapatos y a levantarme temprano, a mirar por la ventana cuando llueve y reirme de lo tonta que he sido alguna vez. A ver en las letras, ojos y acciones de la gente cuando no son reales conmigo. Aprendí que ya no soy una paciente del mundo, sino mi propia cura y que los perros y gatos tienen tantos derechos como los niños. Aprendí a amar de verdad, llevar desayunos a la cama, decir te amo sientiéndolo y soñar con hijos. Aprendí que, aunque la vida sea un tarro de basura, aun habemos soñadores que darían todo por que no fuera así. Aprendí a disfrutar el apretón al final de la boca, la picazón en la mano, imaginar cosas y vivir ese apretón del abdómen que me recuerda que si tengo nervios y ansias: es porque sigo siendo humana.

